Colin McRae, el trueno de Escocia

Repasamos la biografía de uno de los pilotos más queridos de todos los tiempos: este 2018 el escocés habría cumplido 50 años

¿Quien fue el gran Colin McRae?

Colin McRae fue uno de los pilotos de automovilismo más querido de todos los tiempos. Un piloto capaz de conectar como nadie con el público, de hacer disfrutar y aumentar la frecuencia cardíaca de sus seguidores, y de crear una escuela propia dentro del mundo de los rallies.

McRae fue siempre un icono contracultural. Una especie de pez que navegaba contracorriente, gracias a un estilo propio y una personalidad superlativa al volante que enamoraba a sus seguidores y lo convertía en uno de los más odiados por sus detractores.

Blanco o negro, con el escocés no se valían las medias tintas: te gustaba o el detestabas. Colin McRae llevaba el destino marcado a fuego desde su nacimiento. Hijo del piloto Jimmy McRae (cinco veces ganador del rally de Gran Bretaña), Colin McRae comenzó a despuntar pronto al volante.

Sus inicios, en 1986, fue al volante de un Talbot Sunbeam. Sus extraordinarias habilidades no pasaron desapercibidas, y el año siguiente, en 1987, McRae ya participó, por primera vez, el WRC, al volante de un Ford Sierra Cosworth.

Palmarés

  • 146 rallies WRC disputados (1989-2005)
  • 25 victorias
  • 42 podios
  • 1 Campeonato del Mundo (1995)
  • 3º lugar en las 24H de Le Mans (2004)

Durante aquellos primeros años McRae deslumbrar al mundo del automovilismo con su conducción pasional, agresiva, rápida y valiente. Durante unos años en que el mundo de los rallies se encontraba dominado por pilotos nórdicos (de hecho, el WRC parecía un club privado de pilotos finlandeses, suecos y noruegos), el piloto británico apareció como una brizna de esperanza.

Su pilotaje pasional, agresivo y valiente, propio de un piloto latino, provocaron que el aún joven McRae se convirtiera en uno de los referentes del WRC. De hecho, siempre demostró su respeto y admiración por Ari Vatanen, seguramente el otro piloto más querido del mundo de los rallies del último tercio del siglo XX. Una leyenda que en la parte posterior de su coche llevaba una pegatina que rezaba “If in doubt, flat out” (en caso de duda, acelera a fondo).

Maridaje con Subaru

En 1991 McRae fichó con Subaru, en una de las asociaciones más recordadas y especiales de la historia de los rallies. McRae ganó el campeonato británico de rally los años 1991 y 1992, haciéndose valedor de un asiento oficial del equipo Subaru de cara al mundial de 1993. Y los éxitos no tardaron en llegar: el mismo año McRae y su Subaru ganaron el rally de Nueva Zelanda, una de las pruebas más exigentes, especiales y queridas por pilotos y aficionados.

Aquellos fueron unos años de luchas desigual, donde el escocés y su Subaru debían hacer frente a un equipo superior, Toyota, con pilotos nórdicos, fríos y calculadores, en sus filas. Los Toyota Celica de Kankkunen, Grönholm y Didier Auriol se mostraban claramente superiores al Subaru de McRae, pero con todo, el escocés les hacía frente una y otra al máximo.

La mecánica de su coche con una conducción al límite e imprimiendo un ritmo que nadie era capaz de seguir. Pero la propia conducción pasional de McRae provocaba algunos incidentes o problemas mecánicos que a menudo lo hacían tener que retirar o perder muchos minutos y le restaban competitividad.

McRae destacaba ante sus rivales nórdicos, mucho más fríos y calculadores y con coches superiores a su Subaru

No fue hasta el año 1995 que McRae hizo valer su supremacía, aprovechando una sanción al equipo Toyota y con una lucha final espectacular contra los su compañero de equipo, Carlos Sainz.

Sainz no pudo seguir el ritmo de McRae en el último rally del año, en Gran Bretaña, y el piloto escocés se proclamó campeón del mundo en su casa, ante la alegría de su público y llevando, por primera vez a la historia, a Subaru y su motor bóxer en el campeonato del mundo de rallies. Aquel fue el mejor momento de su carrera deportiva.

El año siguiente, en 1996, McRae tuvo que luchar de nuevo con una máquina inferior contra su rival de aquel año, el finlandés Tommy Mäkinen, que al volante de un Mitsubishi Lancer Evo 3 impuso su ley en el mundial de pilotos.

El escocés finalizó el mundial en segunda posición, con tres victorias durante el año (Grecia, Costa Brava e Italia), derrotando de nuevo a su compañero de equipo (y teórica primera espada de Subaru) el español Carlos Sainz.

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